por Jorge Domínguez
Manu Oropeza entiende la música como un punto de encuentro. DJ y creador de atmósferas que se sienten más que escucharse, ha logrado conectar con distintas escenas gracias a un estilo que mezcla intuición, técnica y una sensibilidad muy propia. En esta conversación, nos abre su mundo: cómo vive la música, qué lo inspira y hacia dónde quiere llevar su sonido. Una charla honesta con alguien que tiene claro que detrás de cada set hay una historia.

Los inicios de Manu Oropeza: cuando la fantasía encontró su primer beat
La historia de cómo Manu Oropeza inició como DJ no se parece a la típica narrativa de alguien que creció soñando con cabinas y tornamesas. Él mismo lo dice: ser DJ nunca estuvo en su radar. Ni en la adolescencia ni en sus primeros veinte lo veía como una opción real. Creció en Aguascalientes, donde la figura del DJ existía, sí, pero enfocada a géneros completamente distintos a los suyos: tecno, circuit, afro house… nada de pop.
Todo cambió cuando se mudó a la Ciudad de México. Ahí, entre antros y espacios queer, vio por primera vez algo que le movió el alma: cómo un DJ podía transformar la energía de una noche completa. Esa chispa se encendió lento, pero constante. “Solo quería aprender por hobby, saber qué hacían”, cuenta. Esa espinita lo acompañó casi un año. Preguntaba en escuelas, pero nunca recibía respuesta. Hasta que un día se cansó de postergar.
Llamó a una escuela —Soundspace— y en cinco minutos ya había pagado el curso. “Dije: ya no tengo de otra, ya pagué, tengo que ir”. Llegó sin saber absolutamente nada: ni dónde comprar música, ni qué programas se usaban, ni qué era un USB, ni qué audífonos necesitaba. Entró a un salón lleno de gente enfocada en géneros no comerciales, él siendo prácticamente el único interesado en pop.
El primer momento que lo marcó fue cuando logró su primera transición, de una canción a otra, usando tracks que le dio la escuela. “Perdón, pero no mames, sonó fenomenal”, recuerda entre risas. Y ahí lo supo: quería seguir haciendo eso. Pero también tenía claro que quería hacerlo desde el género que realmente lo movía.
Mientras sus compañeros y maestros se inclinaban hacia house o techno, Manu eligió mantenerse fiel a su gusto: el pop. Empezó a comprar música, a practicar en casa sin parar y a construir su propio sonido.
Después del curso principal tomó uno especializado en pop y reggaetón. Pero su camino tuvo un giro inesperado: en el examen final de esa especialidad, le fue mal. “Fui el peor de la clase”, dice. Se puso nervioso, no conocía el lugar donde tocaban, no sabía nada de bookers ni del mundo real del DJ. Salió frustrado, pero esa caída fue exactamente lo que lo empujó a crear su canal.
Sin contactos, sin saber “qué seguía”, tomó la decisión: si no sabía cómo entrar a la escena, construiría su propia puerta. Y así empezó todo.

Manu Oropeza rumbo al gran salto: los 100K en YouTube
En muy poco tiempo, Manu Oropeza pasó de practicar transiciones en su casa a convertirse en uno de los creadores musicales más vistos dentro de la escena pop en YouTube. Hoy suma casi 85,000 suscriptores y varios de sus videos acumulan miles —y hasta cientos de miles— de reproducciones. Su universo brilloso, energético y totalmente pop conectó de inmediato con un público que encontró en él algo más que mezclas: encontró una vibra auténtica.
Uno de sus mayores hitos llegó con “The Girly Pop”, un video que superó el millón de vistas y que terminó por consolidarlo como una de las nuevas caras del pop mezclado desde la emoción, el ritmo y la fantasía. Lejos de buscar fórmulas, Manu trabaja desde lo que siente, y eso se nota en cada uno de sus sets: son orgánicos, disfrutables y cargados de una alegría que traspasa la pantalla.
Su crecimiento no es casualidad. Es resultado de constancia, de creer en su estilo y de apostar por la música que realmente ama. Y su comunidad —cada vez más grande— es prueba de que la autenticidad siempre encuentra su gente.

Para Manu Oropeza, todo parte de lo mismo: ser fiel a tu esencia. Y él lo dice tal cual: “Al final, lo único que te queda es ser tú. Aunque te dé miedo, aunque de repente te ataque el síndrome del impostor, anímate. Créate, muévete, échale ganas. Pero hazlo desde lo que realmente eres.”
Ese es el mensaje que quiere dejarle a quien lo escucha. Porque, según Manu, cuando te permites ser auténtico, todo empieza a fluir distinto: la vida, la música, los sueños y hasta las oportunidades. “No busques encajar, mejor sé genuino. La gente conecta con eso, no con lo perfecto.”
Y si algo quiere que sus lectores se lleven es esto: no tengas miedo de empezar. A veces, el primer paso es simplemente confiar en ti y atreverte a hacer lo que te mueve.













