Rodrig0800: El arte de no soltar el drop

Por Jorge Domínguez

Su historia no comienza en una cabina, sino en una mente profundamente estructurada. Ciencia, lógica, método. Desde siempre entendió el mundo a través del orden. Pero también supo —muy pronto— que eso no bastaba. Necesitaba crear.

Pasó por la escritura, por las artes escénicas, por la pintura, por el baile. Buscaba un lenguaje. Hoy ese lenguaje es la música. En entrevista nos revela su camino, sus pasiones y cómo la música lo llevó a convertirse en una de las nuevas promesas DJ de la Ciudad de México.

¿Quién es Rodrig0800 y cómo te defines?

rodrig0800 nace de una necesidad muy personal. Siempre he tenido una mente muy cercana a la ciencia, a lo estructurado, a lo lógico, pero desde niño supe que eso no era suficiente para mí: necesitaba crear. Necesitaba hacer cosas con las manos, con el cuerpo, con mi imaginación. Pasé por la escritura, las artes escénicas, la pintura, el baile, siempre buscando una forma de traducir lo que tenía adentro. Y hoy, ese lenguaje es la música.

Como persona soy directo y obstinado. Si algo me mueve, lo persigo hasta que suceda. No me interesa quedarme en la intención, necesito concretar mis ideas y hacerlas realidad. Así he funcionado siempre. Al mismo tiempo, algo que me define mucho es no tomarme las cosas demasiado en serio. Creo que en la vida y en la pista hay que saber divertirse. Documento sin título

Rodrig0800 es la combinación de esas dos partes: es la estructura rítmica pero también la creatividad, una síntesis entre el método y el instinto.

¿Cuándo fue la primera vez que pensaste “quiero dedicarme a la música” y qué estaba pasando en tu vida en ese momento?

Siempre he sido una persona muy estructurada, y eso también se reflejaba en cómo escuchaba música. Me encantaba hacer playlists, no tanto por géneros sino por estados emocionales: ¿qué atmósfera construye esto? ¿Qué siento yo al escuchar esta colección de canciones? Disfrutaba muchísimo ese proceso, porque volvía aún más personal para mí el acto de escuchar música. Encima yo sentía que tenía buen gusto, pero pues todos creemos eso, ¿no?

Las primeras veces que se me cruzó por la cabeza el hacer algo relacionado a la música fue en mis fiestas y reuniones, cuando mis amigos empezaban a preguntarme qué estaba sonando o los veía Shazamear las canciones a escondidas. Ahí entendí que lo que para mí era un ejercicio personal podía convertirse en algo compartido, y que había valor también hacia fuera y no sólo hacia adentro en la manera en la que yo escuchaba música.

En ese momento además llevaba ya un par de años sin practicar activamente ningún tipo de escape creativo, y mi cuerpo comenzaba ya a pedirlo. La idea de dedicarme a la música no surgió como un plan laboral ni económico al principio, era más bien un acto natural. Si siempre me ha gustado contar historias a través de las palabras, o crear experiencias en un escenario para un público, ¿por qué no hacerlo también a través de la música?

¿Cómo fue que comenzaste a ser DJ?

Ya traía yo la espinita de hacer algo con la música, pero no sabía por dónde empezar. Un día tomé la decisión, me compré una FLX-4 y me dije: “ahora sí, voy a aprender”. La saqué

de la caja, la conecté, y parecía la cabina de un avión. Botones, perillas, luces. No tenía idea de qué hacía cada cosa, lo único que sabía es que quería aprender.

Poco después, en una cena con amigos que ya eran DJs, salió el tema y me recomendaron tomar clases en Soundspace. Entré, aprendí lo básico, y de ahí no paré. Practicaba horas en mi casa (las famosísimas horas nalga). Cada sesión frente a la controladora era prueba y error, pero sobre todo error: la regaba mucho en mis transiciones, pero iba entendiendo la técnica, afinando el oído y, aún al mero principio, definiendo un estilo. Más que aprender a mezclar tracks, estaba aprendiendo a escuchar de otra forma.

Un par de meses después de terminar el curso, llegó mi primera tocada de techno en Technomen, en mayo de 2025, y de ahí ya no hubo vuelta atrás. Lo que empezó como curiosidad se convirtió en compromiso, en algo más que sólo un hobby. Mucha gente piensa que ser DJ es sólo curar música, pero para mí también es creación. No produces cada sonido, pero sí construyes algo que antes no existía: una narrativa, una escena, un sentimiento. Diseñas una atmósfera donde la gente puede soltarse mientras tú los llevas de la mano con tu sonido personal. Desde entonces, ha sido un camino exigente pero muy divertido y placentero, siempre hacia arriba.

Si tuvieras que describir tu estilo como DJ sin mencionar artistas ni subgéneros, ¿cómo lo definirías?

Es dinámico, provocador y sensual. Siempre bailable. Para mí, un buen set tiene que empujarte a mover el cuerpo, y también tiene que contar algo. Me interesa construir siempre narrativas que lleven a la gente de la curiosidad al placer, y en el mejor de los casos, al trance.

Hay algunos elementos que casi siempre aparecen en mi sonido. Me encantan los sintetizadores con personalidad, esos ritmos punzantes que se sienten vivos, casi como si fueran vocales. Un ruidito por ahí que te guíe por encima de los demás ritmos, o una voz con eco que te regrese los pies a la tierra. Usados con intención y adaptados al género que estés tocando, estos elementos pueden encender cualquier pista.

También procuro ser siempre muy consciente del bajo y la percusión. Es quizá la parte más importante del set, sobre todo en el techno. Los bajos y las percusiones nos han acompañado desde lo más primitivo de nosotros como especie, y creo que disfrutarlo está engranado en nuestro ADN. Un buen bajo es el que te obliga a bailar, que hace que tu cuerpo responda sin pedirte permiso.

Por ahí transita mi estilo personal. Siempre buscando hacerte mover, que te retiemble la música, con sonidos interesantes, tracks divertidos, detesto la monotonía. Me gusta generar momentos de tensión, que me griten “Ya suéltalaaaa!”, y no soltarla todavía, aguantármela un poquito más, y esperar al momento perfecto para ahora sí soltarla. Sin subida no hay drop, y me encanta jugar con eso, con loops, con voces, con texturas, es parte de mi identidad sonora. Cada set tiene su propia esencia y su propio proceso creativo, pero todos tienen la misma finalidad: compartir lo que me gusta y hacer que mi público se la pase increíble.

¿Qué encontraste en el techno que no te dieron otros géneros?

Entré a la música electrónica a través del funk, house y nudisco. Coincidió con mi mudanza de Monterrey a la CDMX, cambiaba de ciudad y al mismo tiempo de gustos. En la capital conocí una escena nocturna muy distinta a lo que ofrecen otras partes del país. Recuerdo bien la primera vez que entré a un cuarto medio iluminado por luces de colores, con color a cigarro y a sudor. Todo pasaba un poco en cámara lenta: la gente moviéndose, el humo dando vueltas, la música seduciéndome, invitándome a bailar. Era nuevo, oscuro e hipnótico. Entendí ahí que la pista de baile tenía mucho más para ofrecerme de lo que yo pensaba.

El techno se convirtió para mí en un ritual, en un espacio de comunión. La dinámica social de un rave es distinta a la de una fiesta: tú puedes ir solo y no sentirte solo, o ir con más personas y disfrutar de un placer más colectivo. Es una experiencia multisensorial: escuchas el bajo, pero lo sientes también retumbar en tu piel, sientes el calor, las pieles ajenas, de pronto la luz roja te envuelve y la música te atrapa, y sólo estás tú. Eso es el techno para mí: un acto de disfrutar la presencia.

¿Qué proyectos tienes en puerta dentro de tu trayectoria profesional?

Este proyecto, irónicamente, tiene también su propio ritmo. Me gusta moverme sin prisa, pero sin pausa. Estoy enfocado por el momento en seguir puliendo mi sonido y mi identidad visual, pues este es un proceso en el que uno está constantemente evolucionando, aplicando nuevas ideas y tomando inspiración de lo que me rodea.

Me interesa también construir una comunidad sólida de DJs y creativos con quienes pueda aprender y crecer. Creo mucho en el intercambio artístico, en nutrirme de las visiones de otros y compartir mutuamente para construir algo nuevo. A nivel profesional, mi meta este año es expandirme más allá de mi ciudad: buscar mis primeros gigs nacionales e internacionales, y empezar a llevar mi propuesta a nuevos espacios para conectar con más personas.

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